¿me quieres?
¡Cuántas veces no te habré hecho esta pregunta! y cuántas veces me has hecho rabiar diciendo que no… ¡hay que ver lo ingenua que soy en seguirte preguntando! pues me lo demuestras cada día, y este fin de semana tan extraordinario ha sido en el que por fin me he dado cuenta de que es verdad y que no hacen falta palabras, sino reflexionar sobre los hechos.
Te viniste el viernes y por fin te llevé a nuestro “bar de obreros favorito”, un pequeño local cercano a la parada donde te deja el autobús del aeropuerto. Ahí comimos juntos un Fish ‘n Chips recién hecho. y a casa a dejar las maletas… ¡tanto te echo de menos y me hago la dura hasta que por fin estás de nuevo conmigo! es todo un cúmulo de emociones tenerte conmigo y este fin de semana te quedabas más tiempo.
Nos acercamos al centro de Londres, donde compramos los recuerdos para la familia, con todo mi cariño, pues de verdad que les adoro. Y fuimos a cenar a un Hindú. Curioso sitio, donde pedimos sin pensar lo que el señor nos ofreció. Simpático sitio, con buen gusto y además muy especial.
Volvimos a casa y el sábado decidimos que aunque nos quedáramos dormidos un poquito, no pasaba nada, pues los dos estábamos agotados, y dormir a tu lado me hace sentir protegido y descansar mejor.
Te preparé un desayuno de rey, con un montón de cosas que sé que te gustan. Y al centro volvimos. Esta vez tocaba buscar un regalo para mi y visitar los museos que todavía no habíamos visto. Tras dar mil y una vueltas en otras tantas joyerías, buscando el regalo que yo quería, no lo encontramos. Desistimos y nos fuimos a comer a un mexicano, Chiquito en Leicester Square (muy recomendable).
Después de comer nos dirijimos a la National Gallery, pero a veces no leo bien y me confundo, y entramos en la National Portrait Gallery. Un museo más donde ver retratados a los más ilustres del país y del mundo. Al darnos cuenta de la pequeña metedura de pata, seguimos viéndolo y una vez terminada la visita relámpago, buscamos la National Gallery.
Una compañera de clase me había comentado que en ésta está expuesto “Los Girasoles de Van Gogh” pero al preguntar por el lugar exacto, me equivoqué y no sé porqué me salió Dalí y nos recomendaron ir al Tate Modern, como era de esperar. No obstante decidimos ver la sala dedicada a España, ya que hay unos cuantos Velázquez, Grecos, Murillos y algún que otro más. Después habiendo confundido un retablo eclesiástico del Renacimiento con la “Escuela de Atenas” nos recorrimos la parte renacentista del museo.
Nos dirijimos hacia el Tate Modern. Cruzamos el Thames (léase |’teims|) y a la aventura moderna. Pocas veces me he reído tanto con algo. Aunque algo de vergüenza también pasé. Pues entre una escultura que eran pastillas de jabón unidas por una mega-aguja de metal y tu osadía de quedarte leyendo un cartelito y mirando a una puerta de emergencia… disfrutamos mucho, cuando un típico progre- gafa-pasta que iba con su novia te copió y también se puso a observar la puerta, buscando el hierro con el resto de materiales descritos… ¡cuánto ser dícese culto por observar una puerta como si esta fuese arte! (menuda panda de piltrafas intelectuales). Las pastillas de jabón, ¿serían aquellas recogidas del suelo cuando el el gimnasio se le cayeran a aquellos con dudosas intenciones con el artista en cuestión?
Volvimos para casa, pero no sin antes dar un pequeño rodeo, ya que me equivoqué de autobús… ¡menuda cabecita-loca estoy hecha! pero es que yendo contigo, me siento tan segura que no reparo en olvidarme del verdadero fin…
El domingo, como viene siendo habitual, en Londres no se cierran las tiendas, así que nos fuimos al centro comercial cercano al estudio. Seguimos buscando lo que había de ser mi regalo de aniversario, pero sin frutos, el que me gustaba no pude dejarte comprármelo. Fuimos desde Brent Cross hasta Hampstead, donde íbamos a comer, pero dado que es el barrio más “posh” de la ciudad, y eran las 5 de la tarde, no nos atrevimos a entrar a comer en ningún sitio.
Volvimos a Golder’s Green donde nos metimos un buen atracón de pollo frito del KFC. Menudas ganas tenía de pollo frito. En la tienda de enfrente, una papelería, por fin me compré la pluma como la que en su día utilizó mi abuelo, una Parker 45. Muy elegante y bonita. Espero que habiéndola comprado contigo me de suerte para seguir escribiendo nuestros capítulos juntos.
A casita de nuevo y a dormir.
Esta mañana te he visto agotado, realmente cansado y más sabiendo que la semana que te espera no es nada fácil. Mañana a Valencia, pasado a Oporto y el jueves de Oporto a Londres de nuevo.
Todo ésto me ha hecho pensar, ¿por qué te pregunto si me quieres? si es que lo demuestras con cada gesto. Con todo. Por éso te deseo un feliz aniversario ( ya van 7 años) y como te he escrito en tu nueva Moleskine, espero que con la pluma dorada y ese cuadernito, podamos seguir escribiendo juntos los capítulos de nuestra vida.
Te quiero.
